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1422/1421 – Buscando que alguien la vea


“Buena parte de las ideas aceptadas en Occidente son variantes colectivistas, ya sea que se declamen comunistas, fascistas, nazis, socialistas, socialdemócratas, keynesianos, progresistas, populistas, nacionalistas o globalistas. En el fondo no hay diferencias sustantivas, todos sostienen que el Estado debe dirigir la vida de los individuos”, dijo Javier Milei en el Foro de Davos. El presidente que gobierna -y odia a Argentina- a esta altura rompió todos los límites de papelón internacional. Es un bufón, es pintoresco, la gente lo ve desde lejos y se divierte… pero la realidad para quienes estamos bajo su mandato es simplemente atemorizante.

Ni los testigos internacionales del foro pueden creer que hasta los capitalistas congregados en el Foro Económico Mundial son “demasiado izquierdistas” para este panelista/presidente argentino.
“Que nadie les diga que su ambición es inmoral. El Estado no es la solución, el Estado es el problema mismo, ustedes son los verdaderos protagonistas de esta historia y sepan que a partir de hoy cuentan con Argentina como un aliado incondicional. ¡Viva la libertad, carajo”, cerró como lo haría un comentarista televisivo y no el que debe decidir sobre el futuro de 47 millones de argentinos y argentinas que están sumidos en la incertidumbre.

En su obra “La era del individuo Tirano”, el francés Eric Sadin habla de un sujeto emergente que integra la categoría apolítica de individuo aislado. En un contexto de desconfianza y descrédito donde todo parece haber fallado -el mundo bipolar que se cae, el neoliberalismo que demostró ser un fracaso- se ve la atomización de una sociedad integrada por sujetos que ya no tienen lazos duraderos y que no creen más que en su propio bienestar. Sadín lo resume postulando que estamos en una suerte de totalitarismo de la multitud, lo que conduce a la anomia y a la rabia.
¿Que puede llegar a ser de nosotros en un mundo así gobernados por un anarco capitalista motorizado por esas dos pasiones?

Quienes desde el vamos no lo elegimos como presidente, no queremos leerlo. No queremos saber tanto porque afecta directamente al bienestar. Pero cerrarnos en una demencia fingida de verano no debe hacernos olvidar que todavía podemos detener la Ley Ómnibus y el DNU inconstitucional.

Las expectativas están puestas en el 24 de enero que se acerca. Por eso, si sabes de alguien que está dudando es momento de recordarle que las calles tienen que ser nuestras porque si no nos van a cerrar las persianas del Congreso y vamos a ser testigos del desguace de nuestro país.

Muchas cosas son las que tenemos que reconstruir, pero como dice el dicho, no por eso es cuestión de tirar el agua sucia con el niño adentro. A menos que el niño sea Javier Milei, en ese caso ok.

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