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1378 – Demoler no es reformar


Reflexiona Alejandro Grimson en Anfibia, sobre la excepción mundial de la Argentina en la que surgió una extrema derecha que llegó a la presidencia gracias a una fuerza de derecha democrática como lo era el PRO. Nació una alianza que quiere reformar el sistema político a su favor. No les interesa lograr consensos, ni cuidar al sistema democrático: El objetivo es demolerlo

¿Pero hacia donde va esa demolición?
Ayer en la formalidad de la apertura de sesiones, el presiduende volvió a un discurso apto para todo terreno en el que pelea con enemigos a su medida, hace anuncios grandilocuentes y se auto palmea su espaldita. Su autoritarismo no cuenta, pero señala el de Morales, su riqueza no cuenta pero señala la de los políticos, su condición de ocupar el máximo cargo del país no lo hace un político pero todo el Congreso son casta asustada…
Alguien reflexionaba en Twitter sobre la ironía de que los Menem cantan “la casta tiene miedo” y poco se escuchó sobre el reemplazo de tosedores por aplaudidores.
Podemos concluir que lo que se demuele entonces es la paz social.

Añade Grimson que hoy tenemos a la sociedad estresada e hiperinformada. Estas fuerzas políticas tienen en un mismo clip de video un discurso para ofender y otro para negar haber ofendido mientras acusan al que responde de ser casta. Y ahí es donde nos borran la visión de temporalidad de todos los fenómenos políticos a quienes queremos ser estratégicos en como respondemos. En un autoexamen: Se podría decir que venís bien de carga mental si hoy podés recordar lo verdaderamente grave de su discurso. Te recomendamos esta nota sobre el estilo troll de comunicación del presiduende.
Cabe dejar un párrafo aparte para la horrible forma de tratar a los trabajadores de Telam, el intercambio por Twitter del patético Adorni celebrando el anuncio sin pensar en las 700 familias afectadas y la impunidad del siempre deplorable Lombardi frente a las cámaras. Si ante el transporte hay un deporte llamado salto al molinete tal vez se venga un uso creativo de resistencia en los medios del Estado.

François Dubet, sociólogo francés, cuenta en una entrevista hecha por elDiarioAR que ya no podemos explicar las desigualdades en clases sociales. Los individuos se sienten desiguales en múltiples dimensiones. Por eso cuando todos participamos en una competición meritocrática, los vencedores de esta competición pueden posicionarse como que no deben nada a los vencidos: es una elección moral no hacerlo. Para el imaginario de pueblo, el enemigo no son tanto los capitalistas que hoy nos gobiernan, sino los discriminados que obtienen derechos.

¿Qué podemos intentar reformar?
Gracias a responsabilidades previas y a un recrudecimiento de la vida, la ultraderecha se sirve de verdades y de inventos para denigrar y dividir a la sociedad. Los trabajadores sabemos que las condiciones de trabajo cayeron, que el freelanceo es una forma más de dominación, pero seguimos soñando con un modo de ganarnos la vida que nos haga felices… basta con entrar a Linkedin y ver ese muro lleno de anécdotas moralizantes sobre aprendizajes laborales, el uso del término layoff para decir despidos mientras se retiran dignos agradeciendo, y ni hablar de esos cada vez menos habituales rostros que dicen “llegué” al recibir el kit inicial de trabajador lleno de isologos que ofrece toda multinacional.

Ya lo decía Mark Fisher y parece ser el point en varios aspectos. La ansiedad que vivimos es la inevitable respuesta a una precariedad generalizada. Debemos garantizar una mayor seguridad económica, rechazar los valores neoliberales, producir una nueva pertenencia -como bien hicieron los libertarios- y democratizar el trabajo. En fin, salir del realismo capitalista.

Es tiempo de asumir que todos necesitamos un pasaje por este mundo felíz. Y ello, en este sistema, incluye una vida laboral feliz. Se corre el velo y ya nada es tan nuevo: la dignidad del trabajo debe sobreponerse a la explotación capitalista. Pero como siempre, hay futuro.

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