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1369 – El estigma

Nadie puede dudar ahora, llegando a los 91 días de gobierno, que Milei efectivamente iba a “hacer lo que dijo que va a hacer”. Sus votantes que se excusaban con este punto ya habrán notado que tienen un rol principal en la existencia de un gobierno incendiario (¡Gracias!). Resta preguntarse cuantos serán realmente los que podrán permanecer tranquilos “porque cumplimos” y “no somos la casta”.
Los días pasan y nos miramos entre todos con inquietud a ver “quien va a hacer algo”. El pasmo es total.

Y he aquí la trampa. Porque en nuestras voces, en nuestro imaginario, estamos todos enemistados con quienes deberían acompañarnos en la defensa propia. El tiempo dedicado en pantallas y publicaciones de distinto tipo a estigmatizar a sindicatos, feminismos, ambientalistas, zurdos, jubilados, políticos, como si fueran un todo homogéneo parasitario, nos deja ahora en este rol en el que la defensa propia es catalogada como incomodidad por la pérdida de privilegios.

Un delirio total, sí. Pero la única generalidad con la que contamos. Todos podemos encontrar un enemigo a nuestra medida, cuando más que nunca deberíamos encontrar una reforma política, económica y social que nos lleve a un mejor lugar. El sociólogo Erving Goffman define estigma como una condición, atributo, rasgo o comportamiento que hace que la persona portadora sea incluida en una categoría social hacia cuyos miembros se genera una respuesta negativa y considerada inaceptable o inferior.

Goffman enfatiza en lo correspondido de los roles de estigmatizador y estigmatizado (convención). En el siglo XXI, esto se considera consecuencia de las limitaciones y ausencia de habilidades sociales de determinadas personas que todo lo internalizan a partir de construcciones en lugar de hacerlo por experiencia propia. ¿Cuánto saben de jubilaciones quienes no están en edad jubilatoria? ¿Quiénes pueden negar el rol central de los sindicatos? Muchos parecen cómodos en ubicar un chivo expiatorio ya que eso les ahorrará el trabajo de dar discusiones, pensar, lograr acuerdos e involucrarse… lo que alguna vez fue la política.

Se podría decir que los feminismos lograron esta semana correrse del lugar en que quieren ponerlo sus detractores para demostrar su representatividad y diversidad en las calles. Luego del 24 de enero, el 8M fue una enorme demostración de fuerza y firmeza popular. Se logró desde estos sectores demostrarle a este espacio gobernante de coalición PRO-LLA que las reformas se hacen con respaldo social o no se hacen.

Mientras tanto, nos parecemos un poco a esos países en los que simplemente viven números y todos miran a ver si funcionó tal o cual experimento, vacuna, receta, fórmula, bomba… Somos una Argentina de laboratorio ante los asombrados ojos de un mundo que tiende hacia otro lado. Por supuesto que en los remolinos del río revuelto, absolutamente todos los que estén en cierta situación de verdadero privilegio (¡un trabajador estatal no es un privilegiado, señores!) aprovechan a tomar parte porque si pasa, pasa.

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