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1441 – una cuestión de tiempo

Como cualquier mortal, te habrás detenido alguna vez a pensar en el tiempo. El tiempo que ordena las cosas, o las degrada hasta hacerlas desaparecer. El tiempo que, como decía Borges, hacía que la vida sea una fuga donde todo se pierde, “todo es del olvido o del otro” (el que fuimos alguna vez). La experiencia humana de lo temporal es sensible y tangible, no hace falta haber leído a Heráclito ni a Heidegger para advertir que en la finitud de nuestra existencia, el tiempo es un bien no renobable que no podemos acumular ni manipular.

El capitalismo ha sabido sobre explotar el tiempo de vida de los individuos bajo la lógica de la hiperproductividad asociada al éxito personal. Estar ocupado y mostrarse ocupado, hacer y que te vean haciendo, son la clave de acceso a un reconocimiento, posiblemente ilusorio. Como bien lo explica Byung-Chul Han, vivimos en una fase histórica de explotación de la libertad que ha configurado un nuevo tipo social: el sujeto del rendimiento, que se pretende libre y es un esclavo. Según explica Han, la libertad del poder hacer genera incluso más coacciones que el disciplinario deber; en principio porque es ilimitada y además porque se presenta como una elección individual del sujeto y no como una coacción de un sistema. Las consecuencias están a la vista: enfermedades como la depresión y el síndrome de burnout son un signo patológico de que hoy la libertad se convierte, por diferentes vías, encoacción. Por otra parte, es evidente como los discursos meritócratas y emprendeduristas pregnan tan bien en la sociedad del hiper rendimiento y de la libertad de hacer . Como contracara, quien se queda en el margen del sistema es el que ha decidido no trabajar lo suficiente; los clásicos abandonadores de palas que denuncia la derecha neoliberal.

Y ya que hablamos de los sectores más castigados por este modelo, cabe también reflexionar sobre el enorme porcentaje de tiempo que demanda la subsistencia cotidiana de quienes viven en la pobreza. Levantarse de madrugada para conseguir el turno médico, tomarse dos o tres colectivos para llegar al trabajo, desplazarse a mayores distancias para conseguir la leche o el maple de huevo económico, o esperar, con obstinada paciencia, que contesten de algún organismo si llegó la prótesis, la validación de la pensión, el reclamo por años de trabajo en negro. No sólo es cantidad sino calidad de tiempo que se escurre por el calendario.

Por su parte, también exigen tiempo quienes aún mantienen sus ilusiones respecto al gobierno actual, mientras vociferan el “déjenlo gobernar” y “hay que darle tiempo, recién empieza su mandato” (si así empieza, da escalofríos imaginar cómo sigue). Si bien distintos dirigentes de la Libertad Avanza, desde el presidente Milei hasta el ministro Caputo, explicitaron que la recomposición económica de Argentina se vería dentro de diez a quince años, dudo que estemos en condiciones de sentarnos a esperar ese promisorio futuro. Tampoco suena a un aliciente para los jubilados y jubiladas que verán un recorte en su movilidad jubilatoria o para todas esas familias a las que se les propone hacer solo una comida al día para paliar la crisis.

Mientras transcurren las horas y los días , cobra fuerza además la pregunta por el papel de los sectores de la oposición, de las organizaciones sociales y sindicales, por las formas de resistencia que debemos encontrar hoy frente al avasallamiento de nuestros derechos. Inventar en la urgencia, organizarnos en el caos. Esto muestra la carta del día: un cinco de varas que enuncia un presente de lucha y toma de perspectiva; tenemos la memoria colectiva de nuestra parte, porque si algo valioso deja el tiempo discurrido, es la experiencia.

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