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1418/1417 – ¿Cuál es el umbral?

Dice Alejandro Horowicz: “Un reformista cree que si cambia el discurso cambia la estructura, un revolucionario sabe que la estructura cambia todo”. Hablando más simple, argumentar y explicar no va a cambiar las cosas: solo cuando a mi me jodan lo suficiente como para superar mi umbral de tolerancia voy a poder acompañar a otros que están siendo jodidos hace rato. ¿Cuál es la libertad de la que se habla a esta altura? Intuimos que es la libertad de que me dejen de estar explicando cosas para poder descargar mis emociones.

¿Pero de donde surge esta visión de mundo?

La democracia que tiene 40 años en nuestro país tiene momentos multitudinarios en las calles y momentos del acto simbólico electoral. Nuestra democracia argentina tiene la novedad reciente, dice Diego Sztulwark, de que las crisis se resuelven sin el partido militar ¿Cómo se resolvió el 2001? Fue una crisis parlamentaria que terminó por instaurar la ley del capital ¿Cómo vamos a resolver la del 2023?
En Argentina seguimos sintiéndonos al borde de un estallido porque hay una tendencia al cansancio que genera implosiones sociales. Agotamiento junto a escepticismo captan la escena y se instalan. Estas sensaciones duran mucho más tiempo: es todo lo que necesitan los poderes concentrados para repartirse el país.


¿Podemos decir entonces que el 2001 fue una crisis? No. Las crisis tiene un elemento distorsivo ligado al acontecimiento pero los lazos se sostienen. Las catástrofes destruyen la posibilidad de vinculación generan un pasaje de época en que las condiciones de existencia las garantiza el Estado a una en que el eje es el mercado. La lógica del capital desbordó la ley y eso nos pasó en la catástrofe social del 2001.
El individualismo es entonces una decisión política estratégica que no se quiebra discursivamente nunca, la alienación es tal que ni el propio dolor produce respuesta política. La “sensibilidad cautiva” puede ser recuperada pero primero tenemos que ser conscientes.
El neoliberalismo propone el shock otra vez como si fuera algo novedoso. Aunque el votante promedio de este cambio tan poco novedoso quiera hacer la vista gorda la crisis nos impone algo que no queremos asumir y nos fuerza a reaccionar. Quienes son arrojados del sistema a ninguna parte se organizan pero no pueden operar si los trabajadores ocupados no les tienden la mano.

Eso sí: el día menos pensado cambia la percepción del soporte, eso es lo que irrumpe. Aparece el “no aguanto más”.
¿Es posible reorganizar el conjunto de malestares? Milei lo hizo para ganar una elección.

Desde este espacio proponemos encontrarnos mañana a las 20 hs. en el Instituto de Formación Docente Continua de El Bolsón para compartir el documental de la Doctrina del Shock y socializar las estrategias existentes en nuestra comunidad para que la organización no sea en favor de los parásitos que concentran la riqueza.
Hacer del “no aguanto más” una estrategia política es más complejo y es nuestro deber como pueblo. La estrategia surge desde abajo, mientras los representantes deciden si van a otorgar las tácticas de avance o si van a obrar como infames traidores a la Patria.

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