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1389 – La posverdad

Mientras discutimos los likes de Milei y los agravios indiscriminados a todo aquel que ose insinuar que no está haciendo un buen trabajo como presidente, nuestro gobierno sigue encontrando las formas de mover el avispero social que ya venía fuertemente crispado. Se nota a obscenamente la ambición por generar un caos social y aplicar el shock que tanto pregonaron los economistas insensibles que dan nombre a sus clonados perros enjaulados. Quienes padecemos el ajuste sabemos estar corriendo atrás de una agenda que no parece ser la importante.

El francés Eric Sadin menciona en una de sus obras “La inteligencia artificial o el desafío del siglo” cómo hacia mediados de la década 2010 se nos instaló la manifestación de una “libertad de expresión” ilimitada o posverdad. Se volvió moneda corriente afirmar hechos sin constatar, el famoso “es mi opinión” llevado al punto en que Oxford consideró en el año 2016 que posverdad fue el término más importante del año. No es casual que por esas fechas se hicieran efectivos el Brexit y el triunfo de Donald Trump basado en esa mayoría individualista empoderada … Claro que no habíamos visto nada hasta que llegó la infodemia ligada a la pandemia. Gente bebiendo cloro o negando el valor de la vacunación eran apenas el comienzo de lo que se nos venía tres años después.

Dice Sadin que hoy nos encontramos en una sociedad desestabilizada por el relativismo extremo que condiciona a la razón. Los sindicatos, sistemas políticos, nada tiene la legitimidad para proteger el sistema democrático… pero ya sabemos quien corre con suerte cuando hay río revuelto. Sí: nunca somos los trabajadores, siempre son los herederos.

Sin embargo, dice este autor, que el posicionamiento de la verdad siempre es desde el individuo por lo que si bien es un mal de época atravesado por las redes sociales que nos posicionan como el centro del mundo… estamos ante la emergencia de un nuevo régimen de verdad que todavía está por verse.

En pocas palabras el sistema de verdad que se viene con el imperio de la Inteligencia Artificial descansa en mostrarse: totalitario, eficaz, en tiempo real y sobre todo utilitario a fines privados entre otras cosas. Quizás sea el momento de romper las barreras de la posverdad y reconstruir lazos ligados a nuestras realidades regionales. No hay lugar para la nostalgia por el sistema pasado, pero este presente inestable podría presentar los cimientos de un futuro más colectivo sin el imperio del capital con sus recursivas crisis. Hoy está todo por hacerse y nadie lo va a hacer por nosotros. Aprovechemos la incomodidad y marquemos nuestra agenda.

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